Rue de Seine
Gucumatz es aquel rey quiché que en periodos de siete días era culebra, águila, tigre, residía en el cielo o caminaba al bajo mundo llamado Xibalbá
jueves, 1 de septiembre de 2011
Las chicharras
Las chicharras han comenzado a cantar. El verano ha llegado renqueando, como si no quisiera aparecer, y el calor costeño empieza hacer estragos. Siempre asocio el sonido estridente de las chicharras con el calor veraniego. El sábado en la costa las he escuchado y me han sorprendido porque la Semana Mayor aún está lejos.
Mis recuerdos del verano están asociados hasta la adolescencia. Gocé como todos esas épocas y recuerdo mi infancia en función de esas largas estancias en los lugares donde residimos (parecemos gitanos me decía mi madre) Los olores y los sonidos son mi referencia. El olor a los cafetales de la costa, al río Los Esclavos en Cuilapa, el olor a caca de caballo en Guazacapán. El canto monótono de las chicharras en La Reforma, San Marcos, y al apagarse el sonido chirriante, aparecían las luciérnagas como presagio de una nueva vida.
He aprendido con el devenir de los años que las chicharras no sólo son insectos que restriegan sus patas y sus alas para cautivar esos sueños que se visten de agua y que bajan de los nubarrones que nos han olvidado acaso para siempre. Las chicharras pueden ser también trozos de la esperanza que no tienen partido político ni claman por votos, ni se montan en el carro de la demagogia, ni burlan las leyes, ni obedecen a las diferentes voces de la religión: no son esas ovejas que necesiten pastores que las conduzcan al borde de la presa para orar por la lluvia. Solamente son fragmentos de ilusiones que dejan brotar su chirrido de saudades. ¿Qué ha cambiado para que no queramos guardar ya recuerdos? Humberto Ak´abal, en su poema Recuerdos, dice: “de vez en cuando camino al revés/ es mi modo de recordar/ Si caminara solo hacia adelante/ te podría contar como es el olvido.
Estoy ahora en Retalhuleu, escuchando las chicharras, diciéndonos desde las ramas de las paternas, de los guapinoles y los cushines, con ese sonido chirriante que taladra los sentidos como llave que gotea a media noche y que parece decirnos en su monótono cantar aquel canto de la abuela: ¡Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva...
Mis recuerdos del verano están asociados hasta la adolescencia. Gocé como todos esas épocas y recuerdo mi infancia en función de esas largas estancias en los lugares donde residimos (parecemos gitanos me decía mi madre) Los olores y los sonidos son mi referencia. El olor a los cafetales de la costa, al río Los Esclavos en Cuilapa, el olor a caca de caballo en Guazacapán. El canto monótono de las chicharras en La Reforma, San Marcos, y al apagarse el sonido chirriante, aparecían las luciérnagas como presagio de una nueva vida.
He aprendido con el devenir de los años que las chicharras no sólo son insectos que restriegan sus patas y sus alas para cautivar esos sueños que se visten de agua y que bajan de los nubarrones que nos han olvidado acaso para siempre. Las chicharras pueden ser también trozos de la esperanza que no tienen partido político ni claman por votos, ni se montan en el carro de la demagogia, ni burlan las leyes, ni obedecen a las diferentes voces de la religión: no son esas ovejas que necesiten pastores que las conduzcan al borde de la presa para orar por la lluvia. Solamente son fragmentos de ilusiones que dejan brotar su chirrido de saudades. ¿Qué ha cambiado para que no queramos guardar ya recuerdos? Humberto Ak´abal, en su poema Recuerdos, dice: “de vez en cuando camino al revés/ es mi modo de recordar/ Si caminara solo hacia adelante/ te podría contar como es el olvido.
Estoy ahora en Retalhuleu, escuchando las chicharras, diciéndonos desde las ramas de las paternas, de los guapinoles y los cushines, con ese sonido chirriante que taladra los sentidos como llave que gotea a media noche y que parece decirnos en su monótono cantar aquel canto de la abuela: ¡Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva...
Retazos hondureños
Retazos Hondureños
Rodrigo Peréz-Nieves
i
Al comenzar el siglo XX, Honduras era un país agrario con medio millón de habitantes. En Febrero de 1903, asumía la presidencia con respaldo popular el General Manuel Bonilla, quién, siguiendo el ejemplo de los sátrapas, derogó, por séptima vez en la historia del país, la Constitución del Estado. Ese año, las relaciones con Guatemala se enrarecen y desembocan en una guerra que termina con el Pacto Barblhead. Ese mismo año también, el Rey de España dictó el laudo de límites con Nicaragua que llevó a la revisión de las tres líneas fronterizas. A causa del laudo, en 1907 estalla la guerra con Nicaragua que provoca la caída de Bonilla quien es derrocado por los liberales con el respaldo del presidente de Nicaragua José Santos Zelaya.
La prensa centroamericana post-girondina, inspirada en un criterio convencional y estrecho, donde no se pretendía más que anestesiar, con un lenguaje circunspecto y una habilidad sofisticada, la mente de las masas populares, seguía medrando al amparo del poder. El sopor que reinaba en las esferas sociales se reflejaba en los folletinistas, quienes faltos de acción y volición, rodeaban (todavía se acostumbra) al “tata” presidente de cada república, derramando sobre el pueblo sus ideas enervantes. No existía la prensa de oposición y de combate, estaba emparedada entre la sotana y la gorra militar.
El Dr. Lorenzo Montúfar se convirtió en el primer panfletista centroamericano de cuerpo entero que lanzaba sus vibrantes anatemas al grupo clerical que le respondía (como siempre) con sermones y excomuniones.
Fue un ilustre hondureño que se llamó Álvaro Contreras (suegro de Rubén Darío) quién fundó el primer periódico, dándole nueva savia en las venas empobrecidas de la vieja ciudad colonial, “Suprimid el genio de Morazán y habréis aniquilado el alma de la historia en Centroamérica”. Sin la acción del héroe desaparece el drama de nuestra vida nacional. El patíbulo del General Morazán es para él una luminosa transfiguración; es “la esplendente nube en que puso firme el pie para remontarse al cielo”. (Fragmentos del Discurso de Álvaro Contreras, pronunciado en San Salvador, el 15 de marzo de 1882, al colocar la estatua de bronce de Morazán en esa ciudad).
En El Pueblo, de La Ceiba, bisemanario que redactaba don Francisco Mejía; en la mayoría de publicaciones de ese período predominó el editorial doctrinario, generalmente de política local, como el de El Estado, elDiario de Honduras o El Tiempo, letras añejas que rememoran mejores épocas. El Tiempo, diario del recordado don Froylán Turcios, fue de los primeros que dedicó una edición a uno de esos tempestuosos escritores, José Antonio Domínguez, poeta ilustre que tenía para su época el romanticismo de sus experiencias literarias clásicas y modernistas. Lamentablemente se llevó consigo un mundo de ideas y sensaciones que no quiso, o no pudo expresar, así como el homenaje al poeta Salomón Ibarra Mayorga quién nació en la floreciente ciudad de Chinandega, el 8 de septiembre de 1887.
……………………………………………………………………………………………
Tegucigalpa. Hacia finales del siglo XIX destacó la labor realizada por el presidente Marco Aurelio Soto (1876-1883) con su Secretario de Estado, el ideólogo de la Reforma Liberal, Ramón Rosa. Bajo el mandato de Soto la capital de Honduras pasó de Comayagua aTegucigalpa ya que esta comunidad se encontraba más cerca las minas; una de sus principales ciudades mineras fue la ciudad Santa Lucía, ubicada al este de Tegucigalpa hasta la actualidad muchas personas visitan este pequeño pueblo para observar lo que fue uno de los principales centros mineros de Honduras. Las malas lenguas cuentan que Marco Aurelio Soto tenía una amante en Tegucigalpa y fue un motivo más del traslado de la capital.
El comercio extranjero que en su mayoría invadió las principales ciudades se aprestaba a preparase por la llegada de la Semana Mayor. Los habitantes de las ciudades lucían en esa temporada sus mejores galas. Las casas se blanqueaban, salpicando las aceras de lluvias lechosas, confundiendo las acres emanaciones con el perfume imborrable de las Flores de coyol que empezaban a llegar a los mercados procedentes del área rural. Daban inicio las lentas y solemnes procesiones con el sonido que llegaba desde el campanario de la iglesia San Francisco de Asís, templo que data de 1732.
Entre flores de palmeras; altares pobres y deslucidos bajo la lluvia de las Flores de coyol, matracas que con su canto cuál cigarras, hacían recordar por extraña evocación la niñez lejana, ángeles rosados y resplandecientes en andas, sermones gangosos sobre muchedumbre de rodillas; la Virgen con los siete puñales; el Cristo exangüe y sangriento, descendiendo de la cruz o amortajado en la vitrina que servía de ataúd.
Viernes Santo, silencio de agonía, de reflexión. La Gloria del Sábado y la procesión triunfante del Domingo de Pascua acompañada de una multitud risueña.
La prensa centroamericana post-girondina, inspirada en un criterio convencional y estrecho, donde no se pretendía más que anestesiar, con un lenguaje circunspecto y una habilidad sofisticada, la mente de las masas populares, seguía medrando al amparo del poder. El sopor que reinaba en las esferas sociales se reflejaba en los folletinistas, quienes faltos de acción y volición, rodeaban (todavía se acostumbra) al “tata” presidente de cada república, derramando sobre el pueblo sus ideas enervantes. No existía la prensa de oposición y de combate, estaba emparedada entre la sotana y la gorra militar.
El Dr. Lorenzo Montúfar se convirtió en el primer panfletista centroamericano de cuerpo entero que lanzaba sus vibrantes anatemas al grupo clerical que le respondía (como siempre) con sermones y excomuniones.
Fue un ilustre hondureño que se llamó Álvaro Contreras (suegro de Rubén Darío) quién fundó el primer periódico, dándole nueva savia en las venas empobrecidas de la vieja ciudad colonial, “Suprimid el genio de Morazán y habréis aniquilado el alma de la historia en Centroamérica”. Sin la acción del héroe desaparece el drama de nuestra vida nacional. El patíbulo del General Morazán es para él una luminosa transfiguración; es “la esplendente nube en que puso firme el pie para remontarse al cielo”. (Fragmentos del Discurso de Álvaro Contreras, pronunciado en San Salvador, el 15 de marzo de 1882, al colocar la estatua de bronce de Morazán en esa ciudad).
En El Pueblo, de La Ceiba, bisemanario que redactaba don Francisco Mejía; en la mayoría de publicaciones de ese período predominó el editorial doctrinario, generalmente de política local, como el de El Estado, elDiario de Honduras o El Tiempo, letras añejas que rememoran mejores épocas. El Tiempo, diario del recordado don Froylán Turcios, fue de los primeros que dedicó una edición a uno de esos tempestuosos escritores, José Antonio Domínguez, poeta ilustre que tenía para su época el romanticismo de sus experiencias literarias clásicas y modernistas. Lamentablemente se llevó consigo un mundo de ideas y sensaciones que no quiso, o no pudo expresar, así como el homenaje al poeta Salomón Ibarra Mayorga quién nació en la floreciente ciudad de Chinandega, el 8 de septiembre de 1887.
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Tegucigalpa. Hacia finales del siglo XIX destacó la labor realizada por el presidente Marco Aurelio Soto (1876-1883) con su Secretario de Estado, el ideólogo de la Reforma Liberal, Ramón Rosa. Bajo el mandato de Soto la capital de Honduras pasó de Comayagua aTegucigalpa ya que esta comunidad se encontraba más cerca las minas; una de sus principales ciudades mineras fue la ciudad Santa Lucía, ubicada al este de Tegucigalpa hasta la actualidad muchas personas visitan este pequeño pueblo para observar lo que fue uno de los principales centros mineros de Honduras. Las malas lenguas cuentan que Marco Aurelio Soto tenía una amante en Tegucigalpa y fue un motivo más del traslado de la capital.
El comercio extranjero que en su mayoría invadió las principales ciudades se aprestaba a preparase por la llegada de la Semana Mayor. Los habitantes de las ciudades lucían en esa temporada sus mejores galas. Las casas se blanqueaban, salpicando las aceras de lluvias lechosas, confundiendo las acres emanaciones con el perfume imborrable de las Flores de coyol que empezaban a llegar a los mercados procedentes del área rural. Daban inicio las lentas y solemnes procesiones con el sonido que llegaba desde el campanario de la iglesia San Francisco de Asís, templo que data de 1732.
Entre flores de palmeras; altares pobres y deslucidos bajo la lluvia de las Flores de coyol, matracas que con su canto cuál cigarras, hacían recordar por extraña evocación la niñez lejana, ángeles rosados y resplandecientes en andas, sermones gangosos sobre muchedumbre de rodillas; la Virgen con los siete puñales; el Cristo exangüe y sangriento, descendiendo de la cruz o amortajado en la vitrina que servía de ataúd.
Viernes Santo, silencio de agonía, de reflexión. La Gloria del Sábado y la procesión triunfante del Domingo de Pascua acompañada de una multitud risueña.
Parece que rondara un alma en pena...
Ahora son los grillos... no, no escuches,
Es el búho que llama desde lejos (...)
Abre ahora los ojos, ya es muy tarde,
Ya los primeros rayos en tu alcoba
Se han deslizado tan furtivamente
Que ni siquiera los sintió la sombra. (Ib: 34)
Jorge Federico Travieso forjó uno de los mundos más delicados y consistentes que encontramos en la poesía hondureña y el cual se compiló con el nombre de La espera infinita. Dentro de los ciento cuatro poemas del libro, sólo encontramos tres o cuatro de tipo social. "Antaño era dulce" (el anciano que, en medio de su pobreza, maldice al capital); "Viejo criado de la casa" (deplora la vida de humillación del antiguo servidor familiar) y "La moral" (cuestiona a los pseudomoralistas, catones antojadizos de la conducta ajena, esquivos de sus propias faltas).
Posteriormente variantes del regionalismo se siguieron manifestando más acá de la segunda mitad del siglo XX. La razón la da Manuel Salinas Paguada cuando habla de la narrativa criollista determinada por el carácter agrario y feudal de la economía, que determina la máxima concentración de la población campesina en las zonas rurales donde impera una oligarquía terrateniente en posesión de las tierras cultivables.
Estos pueblos pobres observaron con desconfianza el comercio del banano que se hacía fluir a Norteamérica. Nuevos almacenes y edificios a costa del descuaje de bosques enteros. El dólar, omnipotente y sonoro, lo allanó todo, lo arrolló todo. Los mostradores de tiendas y cantinas rebosantes de parroquianos, era la apoteosis de Plutón, la gloria del metal maldito, el triunfo del capitalista sobre el trabajo sudoroso y jadeante del catracho… inicio de la toma de conciencia.
A lo largo de esos años, los compradores estadounidenses de bananas pasaron a ser cultivadores, mediante concesiones del gobierno, lo que les permitió hacer inversiones en la agricultura y convertirse en propietarios de la tierra. Normalmente los agricultores llevaban la fruta a las playas donde eran cargadas en lanchones y de ahí a los barcos estadounidenses que los transportaban a los puertos de EEUU.
…………………………………………………………………………………………….
A pesar de la bonanza, los fines de semana en Tegucigalpa se convertían en un abúlico y somnoliento pasar y mirar. En la mañana las campanas llamando a misa con su lúgubre tan, tan, tan. Una que otra devota asmática acompañada de los más pequeños de la familia se apresuraba a llegar a las gradas de Catedral. A su paso se cruzaban con los gomosos locales que flirteaban en la puerta del templo, haciendo muecas y “pidiendo” un trago para la “goma”.
Daban ganas de marcharse de esa fúnebre desolación de las calles. Los almacenes cerrados herméticamente, la vida comercial se estancaba. No quedaba más remedio que meterse a las cantinas a tomar cerveza o copas de güisqui tradicional. La juventud citadina con lo mejor de su guardarropa se paseaban en el Parque Morazán, fumando y haciendo la corte a las muchachas al son de los instrumentos de la Banda Marcial. A pesar de su ligero toque de modernismo, Tegucigalpa era una población a la antigua, melancólica y bostezante, sin tráfico ni vida.
En el rastro o matadero de bovinos construido al poniente de la población, junto a la orilla del Río Grande, se observaban hambrientas y soleadas a las víctimas que esperaban su turno atadas a postes. Mientras los verdugos, generalmente “engomados”, afilaban sus instrumentos. Se hacía el sacrificio de las pobres reses, ni más ni menos como en la época cuaternaria… tiempos aquellos.
…………………………………………………………………………………………….
Las veladas líricas literarias que se llevaban a cabo durante los juegos florales, se plasman en El Estado y el Diario de Honduras: “La velada verificase en el Salón de retratos, florido de bellas mujeres, constelado de focos eléctricos, resplandecientes de tremoles, de la plata y el oro de los muebles. Dióse en él cita lo mas selecto de nuestra sociedad…”
Se recuerda a Fausta Herrera, Rómulo Durón, Céleo Dávila, Rubén Bermúdez, Antonio Ochoa, Jerónimo Reyna, y muchos mas que hicieron brillar las letras hondureñas, sin encharcar la prosa ni deshonrar la rima.
“Maldita sea! ¿Por qué no opté yo el grado de general, en vez de ese título comprometedor para ser ‘general’ no se necesita saber nada, ni siquiera haber peleado....” Extracto del cuento “Doctor General” escrito por Juan Pablo Wainwright, conocido dirigente popular fusilado en Guatemala por órdenes del dictador Jorge Ubico.
…………………………………………………………………………………………
¡Silénciese el ave! no (sic) charlen los vientos,/ acalle la fuente su límpida estrofa:/ para esas dos almas, quietud y respeto,/ que se están amando cual no se aman otras.// -El nixtamalero/ del amanecido/ chulito lucero/ yabía encendido./ Vos por la ladera/ veniyas bajando/choyuda jalando,/ la chele ternera,/ a la ternerita/ jayada entre unas/ borroñosas tunas/ una mañanita. Jorge Federico Zepeda (1883-1932)
Fuentes consultadas:
Molina, Juan Ramón. Prosas. Ediciones del gobierno de Guatemala. Colección los clásicos del istmo. 1947.
www.exordio.com/1939-1945/ paises/Latinoamerica/honduras.htm
www.ccj.org.ni/press/libros/lg/CorteMga/cm_cap1.htm www.hondurasliteraria.org/
Ahora son los grillos... no, no escuches,
Es el búho que llama desde lejos (...)
Abre ahora los ojos, ya es muy tarde,
Ya los primeros rayos en tu alcoba
Se han deslizado tan furtivamente
Que ni siquiera los sintió la sombra. (Ib: 34)
Jorge Federico Travieso forjó uno de los mundos más delicados y consistentes que encontramos en la poesía hondureña y el cual se compiló con el nombre de La espera infinita. Dentro de los ciento cuatro poemas del libro, sólo encontramos tres o cuatro de tipo social. "Antaño era dulce" (el anciano que, en medio de su pobreza, maldice al capital); "Viejo criado de la casa" (deplora la vida de humillación del antiguo servidor familiar) y "La moral" (cuestiona a los pseudomoralistas, catones antojadizos de la conducta ajena, esquivos de sus propias faltas).
Posteriormente variantes del regionalismo se siguieron manifestando más acá de la segunda mitad del siglo XX. La razón la da Manuel Salinas Paguada cuando habla de la narrativa criollista determinada por el carácter agrario y feudal de la economía, que determina la máxima concentración de la población campesina en las zonas rurales donde impera una oligarquía terrateniente en posesión de las tierras cultivables.
Estos pueblos pobres observaron con desconfianza el comercio del banano que se hacía fluir a Norteamérica. Nuevos almacenes y edificios a costa del descuaje de bosques enteros. El dólar, omnipotente y sonoro, lo allanó todo, lo arrolló todo. Los mostradores de tiendas y cantinas rebosantes de parroquianos, era la apoteosis de Plutón, la gloria del metal maldito, el triunfo del capitalista sobre el trabajo sudoroso y jadeante del catracho… inicio de la toma de conciencia.
A lo largo de esos años, los compradores estadounidenses de bananas pasaron a ser cultivadores, mediante concesiones del gobierno, lo que les permitió hacer inversiones en la agricultura y convertirse en propietarios de la tierra. Normalmente los agricultores llevaban la fruta a las playas donde eran cargadas en lanchones y de ahí a los barcos estadounidenses que los transportaban a los puertos de EEUU.
…………………………………………………………………………………………….
A pesar de la bonanza, los fines de semana en Tegucigalpa se convertían en un abúlico y somnoliento pasar y mirar. En la mañana las campanas llamando a misa con su lúgubre tan, tan, tan. Una que otra devota asmática acompañada de los más pequeños de la familia se apresuraba a llegar a las gradas de Catedral. A su paso se cruzaban con los gomosos locales que flirteaban en la puerta del templo, haciendo muecas y “pidiendo” un trago para la “goma”.
Daban ganas de marcharse de esa fúnebre desolación de las calles. Los almacenes cerrados herméticamente, la vida comercial se estancaba. No quedaba más remedio que meterse a las cantinas a tomar cerveza o copas de güisqui tradicional. La juventud citadina con lo mejor de su guardarropa se paseaban en el Parque Morazán, fumando y haciendo la corte a las muchachas al son de los instrumentos de la Banda Marcial. A pesar de su ligero toque de modernismo, Tegucigalpa era una población a la antigua, melancólica y bostezante, sin tráfico ni vida.
En el rastro o matadero de bovinos construido al poniente de la población, junto a la orilla del Río Grande, se observaban hambrientas y soleadas a las víctimas que esperaban su turno atadas a postes. Mientras los verdugos, generalmente “engomados”, afilaban sus instrumentos. Se hacía el sacrificio de las pobres reses, ni más ni menos como en la época cuaternaria… tiempos aquellos.
…………………………………………………………………………………………….
Las veladas líricas literarias que se llevaban a cabo durante los juegos florales, se plasman en El Estado y el Diario de Honduras: “La velada verificase en el Salón de retratos, florido de bellas mujeres, constelado de focos eléctricos, resplandecientes de tremoles, de la plata y el oro de los muebles. Dióse en él cita lo mas selecto de nuestra sociedad…”
Se recuerda a Fausta Herrera, Rómulo Durón, Céleo Dávila, Rubén Bermúdez, Antonio Ochoa, Jerónimo Reyna, y muchos mas que hicieron brillar las letras hondureñas, sin encharcar la prosa ni deshonrar la rima.
“Maldita sea! ¿Por qué no opté yo el grado de general, en vez de ese título comprometedor para ser ‘general’ no se necesita saber nada, ni siquiera haber peleado....” Extracto del cuento “Doctor General” escrito por Juan Pablo Wainwright, conocido dirigente popular fusilado en Guatemala por órdenes del dictador Jorge Ubico.
…………………………………………………………………………………………
¡Silénciese el ave! no (sic) charlen los vientos,/ acalle la fuente su límpida estrofa:/ para esas dos almas, quietud y respeto,/ que se están amando cual no se aman otras.// -El nixtamalero/ del amanecido/ chulito lucero/ yabía encendido./ Vos por la ladera/ veniyas bajando/choyuda jalando,/ la chele ternera,/ a la ternerita/ jayada entre unas/ borroñosas tunas/ una mañanita. Jorge Federico Zepeda (1883-1932)
Fuentes consultadas:
Molina, Juan Ramón. Prosas. Ediciones del gobierno de Guatemala. Colección los clásicos del istmo. 1947.
www.exordio.com/1939-1945/ paises/Latinoamerica/honduras.htm
www.ccj.org.ni/press/libros/lg/CorteMga/cm_cap1.htm www.hondurasliteraria.org/
martes, 21 de diciembre de 2010
Buen año 2011
Vení Julio
Con tu mágica palabra
Declámate La casada infiel
Que venga Mario y aporte
Las notas de dolor
De su genial guitarra
Y Gustavo con la flauta
Hugo y su contrabajo
Y el compadre Angel
Que se traiga sus versos
Que venga Alvaro Aguilar
A estremecer estos barrios
Con el trueno de su voz.
Porque esta noche no se duerme
en el barrio de mi pueblo.
Sucede:
Que esta noche quiero cerca
A los amigos del dolor
A los amigos del alma
A mis benditos salidos
De las entrañas del pueblo
A compadres y comadres
Compañeros imborrables
Que viajamos en el carro de la vida
Hacia el insoslayable destino de ultratumba
Quiero aquí mismo
A los que duermen en los bancos de
algún parque
A los dolientes hijos
De la patria parturienta
Que se estremece en convulsivas
Contracciones
A los que son pura expresión
Del gran alma popular.
¡Porque esta noche
nadie duerme aquí!
Porque esta noche;
Quiero una gran ronda
Y que suene en este barrio
Coatepecano Soy
Y que suenen las guitarras
Mis amigos
Y los sones criollos
Quiero un gran circulo fraterno
Ven y canta con nosotros tu también
Juán Pueblo
Ven pero eso si...!
Afina bien tu guitarra
Y tocá para nosotros
Con tus manos de artesano
Encallecidas por el tiempo
De faenas infructuosas
Con huellas de cal y arena
Con trazos de aserrín y cola
Ven!
De algún viejo tango arrabalero
Pudiste ser gran cantante
Pero nadie te escucho
Nosotros lo haremos para ti
En esta ronda fraterna.
Por los amigos ausentes
Por la mujer que no está
Por aquellos que marcharon
Para nunca mas volver
Por aquel hogar materno
Al que nunca volverás
Por los hermanos dispersos
Que se ven de cuando en cuando
Pero son indiferentes
a tu inmensa soledad.
Gritemos un poema o
Una canción de la vida
Para un pueblo que parece
Ya sucumbir sumiso
Que adormezca los fastidios
Y encienda fuego interior
De hogueras apagadas por el tiempo
Un canto como el del grillo
que cantó Alux Nahual
Cantalo en las noches calurosas
Ensayalo entre los pastizales junto al río
Sobre el verde musgo de las piedras.
Y caben todos
En mi nostálgica ronda esta noche
Ustedes mis amigos vivientes
Y quienes ya se marcharon
Nadie pierda la esperanza!
Que se alegre nuestro canto
Seamos un solo hombre
Seamos el alma del pueblo
Sean la nostalgia que me impuso
La vendimia de mis años
Que son pues,
La suma de tiempos preferidos,
Que son la viva estampa del terruño amado
De ese pueblo,
¡Explotado!
¡Consumido!
¡Castrado!
¡Expoliado!
Gimiente como parturienta primeriza
Dando a luz legislaciones
Que no pasan del papel
¡Despreciado!
Desde un palacete intemperante
Desde los muros de Marte.
Desechemos estas penas
mis amigos!
Que esta noche pago yo!
Que esta noche no se duerme aquí!
!VENGA OTRA RONDA DE GUARO!
A mis amigos de siempre
A mis benditos salidos
De las entrañas del pueblo
Los innatos componentes
Del gran alma popular!.
Dejemos de sufrir.
¡Porque esta noche
nadie duerme aquí!
domingo, 5 de diciembre de 2010
Wikileaks
Wikifugas…
… eso significa, fugas de información. Wikileaks es un sitio web que, haciendo un uso intensivo de internet, promete ser una fuente adicional de preocupación para gobiernos, corporaciones o todo aquel que tenga interés en mantener algunas cosas ocultas. Un leak, es una fuga de agua en una manguera, de gas en una tubería, de orín en el pañal de un niño, en fin éstas son fugas de información
Cuando Wikileaks apareció en internet en 2007, muchos lo consideraron el heraldo del nuevo periodismo investigativo, mientras que otros lo vieron como un experimento riesgoso. Para los que conocen la historia de los Estados Unidos detalle a detalle y su política en relación con los países del Tercer Mundo no son tan novedosos los descubrimientos de Wikileaks en cuanto a la podredumbre de su diplomacia en general, la que se ha caracterizado durante décadas por utilizar los métodos de quien se sabe el más fuerte y aplicar los métodos propios de un imperio.
Los gritos de indignación por las verdades de Wikileaks sólo emana de países como el nuestro gobernados por megalómanos que cavan el abismo del país, que consideran que sus países son propiedad personal, y que creen que otros jefes de Estado son sus amigos o enemigos personales: según les pelen los dientes o se dejen babosear con espejitos.
El escándalo de Wikileaks, revela la profunda hipocresía existente entre las naciones. Todo el mundo sabe que todos los “representantes” de todos los países se dedican a recabar información y favorecer acuerdos que beneficien a sus respectivas clases dominantes y sus respectivos negocios. Lícita o ilícitamente.
Mediante dádivas, influencias, préstamos, negociados, lobby, espionaje, y si todo ello no alcanza, algún golpecito o intervención militar, meten mano en todos lados, ¡cuantos ejemplos en Latinoamérica! Pero basta que alguien publique algo para que todos se horroricen. Esto es como si alguien orina en plena calle y le echan la culpa al que dice: “No sea coche…”. Interesante. No nos preocupa la realidad, sino que trascienda.
… eso significa, fugas de información. Wikileaks es un sitio web que, haciendo un uso intensivo de internet, promete ser una fuente adicional de preocupación para gobiernos, corporaciones o todo aquel que tenga interés en mantener algunas cosas ocultas. Un leak, es una fuga de agua en una manguera, de gas en una tubería, de orín en el pañal de un niño, en fin éstas son fugas de información
Cuando Wikileaks apareció en internet en 2007, muchos lo consideraron el heraldo del nuevo periodismo investigativo, mientras que otros lo vieron como un experimento riesgoso. Para los que conocen la historia de los Estados Unidos detalle a detalle y su política en relación con los países del Tercer Mundo no son tan novedosos los descubrimientos de Wikileaks en cuanto a la podredumbre de su diplomacia en general, la que se ha caracterizado durante décadas por utilizar los métodos de quien se sabe el más fuerte y aplicar los métodos propios de un imperio.
Los gritos de indignación por las verdades de Wikileaks sólo emana de países como el nuestro gobernados por megalómanos que cavan el abismo del país, que consideran que sus países son propiedad personal, y que creen que otros jefes de Estado son sus amigos o enemigos personales: según les pelen los dientes o se dejen babosear con espejitos.
El escándalo de Wikileaks, revela la profunda hipocresía existente entre las naciones. Todo el mundo sabe que todos los “representantes” de todos los países se dedican a recabar información y favorecer acuerdos que beneficien a sus respectivas clases dominantes y sus respectivos negocios. Lícita o ilícitamente.
Mediante dádivas, influencias, préstamos, negociados, lobby, espionaje, y si todo ello no alcanza, algún golpecito o intervención militar, meten mano en todos lados, ¡cuantos ejemplos en Latinoamérica! Pero basta que alguien publique algo para que todos se horroricen. Esto es como si alguien orina en plena calle y le echan la culpa al que dice: “No sea coche…”. Interesante. No nos preocupa la realidad, sino que trascienda.
miércoles, 27 de octubre de 2010
A mi padre
A mi padre
Estos días, padre, y en este sol de ocaso
me viene tu recuerdo como un viento caliente,
el viento que en verano acunaba las siestas
y secaba el camino por donde vos llegabas
Recuerdo tus silencios en las noches de lluvia
Cuando, sentados juntos, la abuela contaba historias
y vos te sonreías del miedo y de los muertos
Y decías: “A quien hay que temer es a los vivos”
Luego más tarde supe, padre, que tus temores
venían de muy lejos y habitaban cercanos
en las calles de barro y en las casas de adobe
y te ahogaban el pecho y el corazón cansado
Pocas veces hablaste de la revolución, aunque a veces
nos dejabas que viéramos la cicatriz zigzagueante
que aún tenías en el cuerpo y nosotros pasábamos
los dedos por aquellas testigos del horror del 54
No estuviste en el bando de quienes conquistaron
esa supuesta paz que te trajo el miedo de los días,
el silencio del hambre, la búsqueda imposible
del sueño de un muchacho de veintitantos años.
El miedo de los vivos te ha acompañado siempre.
Y puso entre tus brazos el dolor de las cosas,
cuando Guatemala no era, sino la historia triste
más triste de todas las historias… de la historia
Te recuerdo en la noche cuando en la vieja radio
buscabas entre ruidos que ya estaban prohibidos
la esperada noticia de que, al fin, ese día
un viento bien distinto lo barrería todo
Pero nunca llegó aquello que esperabas
Ni siquiera más tarde, cuando todo cambió
pudiste pronunciar esas nuevas palabras
libertad, libertad, aunque sonara utópico
Era la historia otra. Y eran otras las cosas.
Y seguían los mismos que habitaban tus miedos
Aquella vieja radio años llevaba años rota
y la radio rebelde era sólo nostalgia
Vos me enseñaste, padre, a andar en bicicleta
y a mirar la pobreza con orgullo y sin miedo
Y que todo es de todos cuando el hambre lo dice
y que el dinero vale para comer hoy mismo
Padre, yo no sé si he tenido tiempo para contarte
de mis libros y versos. De mis tristes triunfos,
de todos mis fracasos. Ni de las muchas veces
que te he echado de menos cuando he llorado solo
Y de lo que me gustaba el mediodía del sábado
cuando almorzábamos como cuando era niño
y me decías que, al fin, los demócrata cristianos
cambiarían la historia y había que darles tiempo
Luego fuiste dejando memorias y recuerdos
Y tu mundo fue oscuro como el de aquellas noches
de los cuentos de la abuela en la cocina fría
y mirabas sin vernos… y llorabas a veces
Ahora, en estos días oscuros de mi vida,
cuando tengo los mismos años que pesan en el alma,
te recuerdo callado y me dicen a veces
que soy como tú mismo. Y, como vos… yo callo.
Estos días, padre, y en este sol de ocaso
me viene tu recuerdo como un viento caliente,
el viento que en verano acunaba las siestas
y secaba el camino por donde vos llegabas
Recuerdo tus silencios en las noches de lluvia
Cuando, sentados juntos, la abuela contaba historias
y vos te sonreías del miedo y de los muertos
Y decías: “A quien hay que temer es a los vivos”
Luego más tarde supe, padre, que tus temores
venían de muy lejos y habitaban cercanos
en las calles de barro y en las casas de adobe
y te ahogaban el pecho y el corazón cansado
Pocas veces hablaste de la revolución, aunque a veces
nos dejabas que viéramos la cicatriz zigzagueante
que aún tenías en el cuerpo y nosotros pasábamos
los dedos por aquellas testigos del horror del 54
No estuviste en el bando de quienes conquistaron
esa supuesta paz que te trajo el miedo de los días,
el silencio del hambre, la búsqueda imposible
del sueño de un muchacho de veintitantos años.
El miedo de los vivos te ha acompañado siempre.
Y puso entre tus brazos el dolor de las cosas,
cuando Guatemala no era, sino la historia triste
más triste de todas las historias… de la historia
Te recuerdo en la noche cuando en la vieja radio
buscabas entre ruidos que ya estaban prohibidos
la esperada noticia de que, al fin, ese día
un viento bien distinto lo barrería todo
Pero nunca llegó aquello que esperabas
Ni siquiera más tarde, cuando todo cambió
pudiste pronunciar esas nuevas palabras
libertad, libertad, aunque sonara utópico
Era la historia otra. Y eran otras las cosas.
Y seguían los mismos que habitaban tus miedos
Aquella vieja radio años llevaba años rota
y la radio rebelde era sólo nostalgia
Vos me enseñaste, padre, a andar en bicicleta
y a mirar la pobreza con orgullo y sin miedo
Y que todo es de todos cuando el hambre lo dice
y que el dinero vale para comer hoy mismo
Padre, yo no sé si he tenido tiempo para contarte
de mis libros y versos. De mis tristes triunfos,
de todos mis fracasos. Ni de las muchas veces
que te he echado de menos cuando he llorado solo
Y de lo que me gustaba el mediodía del sábado
cuando almorzábamos como cuando era niño
y me decías que, al fin, los demócrata cristianos
cambiarían la historia y había que darles tiempo
Luego fuiste dejando memorias y recuerdos
Y tu mundo fue oscuro como el de aquellas noches
de los cuentos de la abuela en la cocina fría
y mirabas sin vernos… y llorabas a veces
Ahora, en estos días oscuros de mi vida,
cuando tengo los mismos años que pesan en el alma,
te recuerdo callado y me dicen a veces
que soy como tú mismo. Y, como vos… yo callo.
martes, 12 de octubre de 2010
GRACIAS RODRIGO, GRACIAS AL PERIODICO LA NOTICIA Y UNA LAGRIMA CONVERTIDA EN POESIA PARA QUETZALTENANGO.
Rodrigo : Préstame tus alas de aguila en las alturas para contemplar Xelaju. Llévame al Teatro Municipal, a los Cantones de la gente olvidada que aman a su tierra. Llévame al Parque Central a escuchar las notas de la marimba. Vamos juntos a saludar a Periodistas, universitarios, a los artistas. Pasemos por la casa que ocuparon Constantino Berlusconi (el artifice de la Carretera al Atlantico) y donde nacio el Coronel Arbenz. Volemos a los Municipios de la Tierra Fria hasta llegar a Colomba, Flores Costa Cuca, Génova, Coatepequeque y la Estacion Auyón. Visitemos las 150 o mas fincas del Chuvá y al retornar a Xelaju visitemos La Casa de la Cultura y encaminemos nuestros pasos al Parque Bolivar para volver a recordar El Puente de Los Chocoyos; a Mario Camposeco.Porque XELAJU es poesia, es enjambre de intelectuales
y de mi gente del pueblo que toma chocolate con shecas. Una lágrima convertida en poesia para ese rincon de cielo colocado en el 0ccidente de Guatemala en donde nacen y mueren poetas. De niño me decia mi padre que los hombres no lloran. Talvez ahora le puedo aclarar que dejo por unos momentos mi condicion humana para convertirme en una de Las Aguilas en las Alturas, de los que soñamos y a veces lloramos. Gracias Rodrigo
Gil Zu
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